Comida a cambio de bichos
A menudo el largo y complejo proceso de creación de software genera resultados con algún que otro fallo. Está claro, nada ni nadie es perfecto. En ingeniería del software, a los fallos en el código se les denomina “bug”.
¿De dónde proviene este término?
“Bug” en inglés significa “bicho”. Al proceso de arreglar fallos del software se le denomina “debug”, que literalmente significa “quitar bichos”… Esta expresión es bastante literal en sus orígenes…
El término se adoptó cuando allá por 1945 Grace Murray Hopper se encontró atrapado uno de estos bichos en uno de los relés del computador Mark II, lo cual hacía que este no funcionase bien. Así que, para quien dude de la importancia de las mujeres en el mundo de la Informática o afirme que hay pocas, que sepa que a una de ellas debemos uno de los términos más importantes de la ingeniería de software.
Lo que poca gente sabe es que este “bug” sigue existiendo en el Museo Nacional de Historia Americana del Instituto Smithsonian, ya que esta mujer lo pegó en una de las hojas del logbook, del computador, que usaba para anotar todas las incidencias que observaba. Aquí lo tenemos:
Desde entonces, mucho ha cambiado el mundo de la informática y las formas de trabajar. No obstante, sigue siendo una labor fundamental el encontrar y solucionar estos fallos. Especialmente para un Ingeniero de Software de Pruebas, justo la posición que yo ocupo en Microsoft.
Es una de mis tareas diarias el esforzarme por encontrar hasta el más mínimo e insignificante fallo, para arreglarlo y notificarlo al resto del equipo. Mi trabajo no es individual, en mi equipo hay otros quince profesionales dedicados a esta misma función.
De vez en cuando, tratamos de estimularnos en nuestro trabajo, convirtiéndolo en una especie de reto o competición entre nosotros. Y eso fue lo que hicimos a finales de la semana pasada. Organizamos una “caza de bichos”. Una especie de competición de 5 horas de duración, a ver quién era capaz de encontrar más.
Además, es obvio, los fallos pueden ser “pequeños” fallos, “medios”, “importantes” o “catastróficos”, por así decirlo. De modo que a cada una de esas categorías le dimos una puntuación (Catastrófico:4, Importante: 3, Medio: 2, Pequeño: 1).
Al final de la competición, a eso de las 7 de la tarde, teníamos un generoso catering de comida oriental esperándonos en una sala de reuniones de nuestro edificio, para todos los que habíamos participado. Allí pudimos intercambiar impresiones y relajarnos un poco después de acribillar bichos durante 5 horas.
Ya sólo me queda comentar que quedé en una honorable (al menos para mí) tercera posición de entre los 15 participantes. En zona Champions como diríamos los amantes del fútbol…
Fue, en definitiva, un día muy divertido y diferente. Como casi todos por aquí