Microsoft Surface en "Ultimátum a la Tierra"
Anoche, por pura conjunción astral (estaban agotadas las entradas para "El intercambio" de Clint Eastwood, y otras películas más "apetecibles" empezaban ya muy tarde), y violando un principio que intento seguir las pocas veces que voy al cine, el de no elegir remakes de películas clásicas, que casi nunca (por no decir nunca) salen bien paradas ante mis ojos en comparación con sus originales, entramos a ver "Ultimátum a la Tierra", versión "modernizada" del clásico de ciencia-ficción "El día que paralizaron la Tierra" ("The Day the Earth Stood Still", Robert Wise, 1951).
La película confirmó la regla al 100%, y no tengo mucho que contar de ella. Probablemente lo que más llamó mi atención fue el mercantilismo descarado (blatant sería el adjetivo en inglés) que parece imperar en este tipo de cine "comercial" de hoy. Ante los ojos del espectador pasan sin tapujo alguno y a pantalla completa imágenes de productos de los "patrocinadores" que seguramente a cambio de esta publicidad ayudaron a costear los gastos de la película. Más aún, la mayoría de las veces esas imágenes se muestran de forma tal que el nombre de la marca quede bien visible, como ocurre en el momento en que la protagonista mira su reloj para ver la hora y las manecillas no estorban la lectura de la marca del reloj - ¡hubo suerte! En este aspecto, Microsoft fue tal vez un pelín más sutil: lo que aparece es el logo de Windows, sobre una gran pantalla multi-touch que me pareció un enorme Surface.
El bit matemático: Ya de madrugada, entre la almohada y yo hicimos el cálculo de la probabilidad de que, si se mira el reloj en un momento aleatorio del día, ni el horario ni el minutero estén entre las 10 y las 2. Obtuvimos 4/9 (0,444). ¿Correcto?
El bit nostálgico: Como todo no podía ser negativo, al menos ver esta película me ha traído a la mente gratos recuerdos asociados a las veces que vi la versión original: la primera de ellas aún siendo un adolescente, con mi padre (gran cinéfilo), por televisión; la siguiente, con mi gran amigo Alfonso Alonso (ninguna relación con el alcalde de Vitoria/Gastéiz), en el cine La Rampa de La Habana y alrededor de 1985, si la memoria no me traiciona.